Pues bien. Días como estos me hacen recordar que mi felicidad es tan sólo superficial. Porque suelo ir en el microbús fingiendo que las lágrimas de mis ojos no son más que el efecto de un cigarro o algo parecido. Pero realmente es tan sólo que tengo corazón de pollo, soy tan sencible que ya ni me acuerdo cómo era cuando solía ser fuerte después de alguna situación amorosa, o un regaño de mis padres, etc. Bueno, la gente cambia y lamentablemente perdí lo que más le gustaba a la demás gente de mí; la rebeldía, ¡No, qué rebeldía! Sólo era la valentía para decir lo que sentía, la elocuencia con la que justificaba mis errores, la pasión con la que desbordaba mis discursos amorosos, para no perder a la persona que amaba en ese momento. Era chistoso hasta cierto punto una niña tonta diciendo "Te amo" al aire libre sin siquiera poder comprender la importancia de una palabra así. Digo, maduré entiendo perfectamente qué es amor ahora, cuando nos besamos el mundo, la gente, el tiempo, la distancia, el clima, absolutamente todo se pierde. Logré comprender que sólo se ama una sola vez con gran intensidad a una persona. A mis dieciséis te conocí, te ame, te adoré, me entregué, comprendí lo importante que eres para mí. Pasaron unos cuantos meses y ya no puedo dejar de pensarte. Pero supongo se me pasará.
Soy un poco optimista, no me tiro a la depresión tanto, a pesar de amarte con extrañeza y locura, pero no creo que el amor sea éso, deprimirte, odiarte por algo que pudo ser más sublime. No creo que sea éso.
Por eso oigo Chavela Vargas y me deprimo, pero siento muy en el fondo de mi tristeza una esperanza, algo que me hace sentir que mi amor a ti no dejará de ser como es, aunque pase el tiempo, aunque ya no estés. Siempre estarás aquí, en mi mente, como un alma inmortal que me recuerda lo bello de la vida. No lo sé, es tan extraño amarte así, no poder pensar en alguien, algo, después de ti.
Cómo sea, sólo tengo diecisiete.
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