Se miraba en el espejo, nunca supo cuál era su fin en este mundo, ni siquiera su principio era algo que ella conocía. Poseía algo hermoso. Una cabellera inmensamente negra, su piel era extraña, no sé cómo describirla. Sin dudar sé que lo más atractivo de su persona eran sus labios. Eran hermosos, todo el tiempo eran escarlata, eso me atraía de ella. Ella posaba siempre, arriba de un Piano, ¡ah! Su sensual cuerpo y su inmenza cabellera acariciándole la espalda, susurrándole y contándole todo lo que ven trás su espalda.
Ella volteó, yo estaba oculta, la sangre escurría de una gran cortina, el estruendo al romperse los vidrios probocó que yo gimiera; ella me escuchó, no dijo nada. La escena que estaba ante mis ojos era horrorizante. Mis manos apretaban intensamente mis labios, no quiería hablar, sabía que mi vida terminaba ahí, no quería morir así. Los ojos de aquella víctima estaban viéndome, prescisamente a mí, Sus ojos se tornaron blancos, no veía sus pupilas. ¡Mierda! Sentí como una mano recorría mis piernas. Deje de respirar, me asfixiaba, no quería voltear. ¿Era mi fin? Sus manos seguían recorriendo mi cuerpo. Sentí su respiración en mis oídos, ligeramente ella me toco. Ella me causaba placer, jamás había sentido éso. El miedo se desvaneció y el placer enseguida se apoderó de mí. Volteé y la tome en mis brazos, ella rápidamente empezó a tocar mis pechos y me revolcó, ahí bajo la mesa. La sangre de la víctima dibujaba extrañesas en mi espalda mientras ella seguía seduciendo mi ser. Su lengua llena de sangre empezo a recorrer mis senos y pronto llego a mi cuello. Mi mirada estaba perdida, sabía que era lo que estaba pasando, pero no podía evitarlo, me había hecho algo. El placer parecía manipularme, que mis sentimientos de pronto pasaron a último término. Algo pasaba en mí.
Ella seguía, de pronto paró, me miró y con una sonrisa dulce susurro: "Jamás pasó".
Nunca supe porque lágrimas recorrían mis mejillas, era extraño que yo llorara por algo que en el fondo me perturbaba. Era hermosa lo sé, era sensual lo sé, era mágnifica pero nunca había sentido lo que sentí con ella. Me ultrajo.
La mire sin pensar, ví como sus labios escarlata se tornaban más intensos a cada segundo, algo me impulsó a ver aquel cuerpo que había caído ante mis ojos tiempo antes. Sus córneas estaban perdiendo el color rojo, la sangre se desvanecía, no deje ir la escena. Ella tomo mi barbilla y enseguida grito: "¡Jamás pasó!". Mierda, en dónde estaba yo. ¿Qué era lo que pasaba en aquel lugar? ¿Cómo diablos llegué ahí?. Ella escarlata me miraba con lujuría las córneas se ensendieron al paso que sus labios más rojos se volvieron. Mi respiración conspiró, deje de respirar, no podía más. Mi corazón se comprimía. ¡Qué me hiciste puta desgraciada! ¡Qué me estás haciendo!. El Piano aplicaba su parte, su mirada seductora me veía, sus piernas cruzaban sensualmente un sonido extraño hizo que mi corazón se fuera relajando, ella movía su cadera y me hipnotizaba con sus hombros haciendo alegorías sensuales. Su mirada, ¡Dios su mirada! Sus labios. Ella bailaba para mí. Sus hermosas piernas hacían círculos y sus brazos se movían al cómpas de la guitarra y ese Piano. Me hipnotizaba. Sus labios ESCARLATA me llamaban, me insitaban al orgasmo. Hubo un momento en el que sus manos rasguñaban mi ser, su bello rostro (sus labios escarlata) parecía poseído. Dejo caer la tela que la cubría. De nuevo su cuerpo desnudo, bailaba para mí. Nunca dejo de hacerlo. Sus pies delicados y pequeños tocaban el suelo de forma súblime, que escuche perfectamente el sonido que provocaban. Nunca me perdía de vista. Su cadera al ritmo de sus brazos me susurraban "Jamás pasó".
Siempre tuvo el poder de manipularme. Jamás pasó.
Creo en el súperhombre que jamás tuvo la intención de ser nazi. A r t e á n d o m e.
El demonio creador.
Supongamos un demonio creador. A él le podríamos gritar, mostrándole su creación: —¿Cómo te atreviste a interrumpir el reposo sagrado de la nada para hacer surgir una masa tal de desgracias y angustias?
domingo, 6 de marzo de 2011
sábado, 5 de marzo de 2011
Ella...
Sus verdes ojos estaban líquidos... La naturaleza se destruía al caer por sus rosadas mejillas. No sabía por qué lloraba, y me provocaba un malestar verla. Su mirada era un misterio, incluso su hermosura desfalcaba la mía. No era tal envidia la que yo sentía, era más bien, no lo sé, morbo. quizá.
Deje de ponerle atención y sabía que mi mundo esperaba por mí, no era que no me importara, era sólo que me deseperaba el misterio de su llanto. Ella tan bella como siempre miraba como me alejaba de su lecho, creo que el llanto paro ¿era quizá yo el motivo de su tormentoso llanto? Eso paralizó mis miebros. Jamás pense en esa posibilidad, ¿cómo era posible éso? No dependía de mí, era otro su tormento, lo supe porque me vió, paro de llorar y con su mirada turbia aclamaba mi retorno. Tuve que volver, fue cuando descubrí el amor que ella sentía por mí. No supe como reaccionar, eso era tan raro para mí, entes lloraban por mí, día y noche, en un mundo y en otro. Pero ella. Ella era difernte. Sus lágrimas probocaban en mí cólera, no sabía como enfrentar ello, cómo hacerle entender que sus errores justificaban los míos, o tal vez sólo sus descuidos, estaban más marcados que nada en mi piel. Mi piel tenía identificado cada momento de rechazo, cada momento de tortura, de incomprensión. Son mil cosas ¿cómo me pedía que comprendiera su llanto? Una fuerza ajena a mí, me hizo llorar también, sentí coraje, dolor, pero le comprendí. La comprendí y no me quedo de otra, le demostre mi afecto, y le dije que la amaba demasiado. Ella dejo de llorar, pero otra pena turbaba su corazón.
Deje de ponerle atención y sabía que mi mundo esperaba por mí, no era que no me importara, era sólo que me deseperaba el misterio de su llanto. Ella tan bella como siempre miraba como me alejaba de su lecho, creo que el llanto paro ¿era quizá yo el motivo de su tormentoso llanto? Eso paralizó mis miebros. Jamás pense en esa posibilidad, ¿cómo era posible éso? No dependía de mí, era otro su tormento, lo supe porque me vió, paro de llorar y con su mirada turbia aclamaba mi retorno. Tuve que volver, fue cuando descubrí el amor que ella sentía por mí. No supe como reaccionar, eso era tan raro para mí, entes lloraban por mí, día y noche, en un mundo y en otro. Pero ella. Ella era difernte. Sus lágrimas probocaban en mí cólera, no sabía como enfrentar ello, cómo hacerle entender que sus errores justificaban los míos, o tal vez sólo sus descuidos, estaban más marcados que nada en mi piel. Mi piel tenía identificado cada momento de rechazo, cada momento de tortura, de incomprensión. Son mil cosas ¿cómo me pedía que comprendiera su llanto? Una fuerza ajena a mí, me hizo llorar también, sentí coraje, dolor, pero le comprendí. La comprendí y no me quedo de otra, le demostre mi afecto, y le dije que la amaba demasiado. Ella dejo de llorar, pero otra pena turbaba su corazón.
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